Rehabilitación del Centro Olivense, Oliva (Valencia)

Infografía estado reformado | Rehabilitación del Centro Olivense, Casa de la Cultura de Oliva

Arquitecto Director: Salvador Lara Ortega

Promotor: Ayuntamiento de Oliva
Ubicación: c/ Virgen del Pilar nº 2 y c/ Moreras nº 1, 46780 Oliva (Valencia)
Constructor: UTE Torrescámara SL / Estudio y Métodos de Restauración SL
Año construcción: en ejecución
Área:  1.236,18 m²

Colaboradores:
Néstor Marco Montañana (arquitecto)
Jose Octavio Ordinyana (arquitecto)
Enrique Marín González (arquitecto técnico)
Consulting de Ingeniería ICA (instalaciones)
DYP Ingeniería (estructura)

Objetivo

Se trata de rehabilitar dos contenedores que han tenido usos diversos para dedicarlos a la nueva Casa de la Cultura de esta población.

El primero es un antiguo palacio barroco en regular estado de conservación donde se encontraba el “Casino”. Aquí se albergarán las dependencias administrativas y de reunión.

El segundo edificio es un peculiar contenedor construido en los años 50, denominado “Centro Olivense” y que se había dedicado a celebraciones y salón de baile. Su función será la de salón de actos y salas para albergar actividades ciudadanas.

La complejidad del proyecto reside en armonizar estos dos edificos, aparentemente contradictorios y que se dan la espalda, para situarlos en un único discurso compositivo, suponiendo una actuación en el patrimonio histórico de Oliva abordada desde un lenguaje declaradamente contemporáneo.

Proyecto

El proyecto parte y pretende la máxima conservación formal y arquitectónica del conjunto que sin embargo debe actualizarse a las modernas exigencias legales de seguridad, estabilidad, evacuación y protección contra incendios, al tiempo que a las de funcionalidad respecto de las instalaciones y el confort.

En particular hay que solventar una necesidad de solidaridad social insoslayable que consiste en permitir la accesibilidad para personas con movilidad reducida a todas las dependencias de la edificación y otra de seguridad de evacuación, no menos importante al tratarse de un local de pública concurrencia. Estas dos cuestiones suponen una remodelación total de los accesos a la planta alta de la edificación moderna, en la que una única salida es insostenible, además de la necesaria incorporación de un ascensor habilitado que desembarque en todos los niveles del conjunto.

Este asunto tiene tal calado que obliga a la remodelación y ampliación total de los accesos. La estrategia del proyecto consiste pues en aprovechar las necesidades modernas para resolver los problemas antiguos, con una clara intención de unir las sinergias arquitectónicas que se deducen de la lectura del conjunto edificado. Por eso aprovecharemos para crear los accesos que deben ser ex novo debido a la normativa actual que desestima las soluciones existentes, justo en el lugar que se conectan los dos edificios. No podía ser otro, si queremos acceder a ambos a la vez, que además disponen de niveles para los forjados cambiantes y nunca coincidentes.

Por otro lado esta disposición central de los accesos, nos permite diseñar ahora el lugar de encuentro entre las dos edificaciones existentes y resolverlo desde el máximo respecto hacia sus respectivas arquitecturas, justo de manera distinta a como se hizo en el pasado.

La construcción del moderno edificio ignoró al histórico, tanto que la entrega entre ambas edificaciones está resuelta de manera absolutamente absurda, ignorándola. Tanto es así que la planta baja se apodera del ámbito de los muros históricos para construir la moderna escalera compensada, mientras que la parte alta se adosa a desnivel para dejarse abandonada y la cambra se separa para colocar una escalera de 60 cm de anchura, únicamente utilizable para acceder a su mantenimiento.

Estas soluciones no nos dan lugar a pensar más que la edificación moderna ignoró a la antigua, adosándose sin acuerdo, ni orden, ni funcionalidad a la histórica. Y además este encuentro se realiza de manera tan ruda que nos hace pensar que no proviene de la misma mano que la que proyectó el edificio colindante, que sin poder calificarse como una gran obra, sí tiene sin embargo maneras de un artífice que disponía de una cierta sensibilidad hacia la composición. Sus fachadas, a pesar de los medios precarios, presentan orden, alineaciones y combinación de materiales que sugieren un trabajo algo más pensado que el habitual de la época.

En mi opinión, nunca pensaron en ser utilizadas conjuntamente, como un único conjunto funcional. Incluso, y por las soluciones adoptadas, es muy posible que se pensara en prolongar la moderna a base de demoler la antigua y alcanzar así la Calle Virgen del Pilar. De hecho la alineación de la fachada de la Sala viene marcada por el trazado de la unión recta de los dos puntos extremos de las calles laterales. Además la zona de encuentro y el acceso a la Sala ocupa ya lo que debió ser una calle, o un patio, impidiendo la vista de la tercera de las fachadas del palacio barroco, en una ignominia urbana, tan habitual por otro lado en los procesos urbanos de densificación de los centros históricos. Hoy desde la cubierta plana de instalaciones que dejó la edificación moderna, todavía se puede apreciar la configuración de los huecos preexistentes, la cornisa original de la actual medianera y lo que es más importante el tratamiento superficial almohadillado con pintura del revoco original del palacio, que además emula el existente en el vecino campanario de la iglesia. Esta cuestión daría pie a un castizo, para repetir “no hay mal que por bien no venga”.

Esta zona de encuentro entre edificaciones que además soporta los accesos debe ser remodelada desde su replanteamiento. Anular los errores cometidos en este pequeño espacio de contacto y construir unos nuevos que dialoguen con las dos preexistencias. Y lo debe hacer desde una posición absolutamente desprejuiciada, resolviendo el entronque con arquitectura contemporánea que se plantea como la única con capacidad de unir dos construcciones de lenguaje, aspecto y configuración tan diferentes y contradictorias.

A ello apuesta el proyecto, construyendo un nuevo espacio de encuentro entre ambas arquitecturas que devuelva la dignidad a la histórica, revalorizando el palacio y que corrija los errores que nunca debió cometer la moderna. Tenemos para ello un espacio, no mayor de 40 m² en planta que configura el trapecio de encuentro entre las diferentes alineaciones. El espacio separa la Sala del Palacio, y eso es lo que debe hacer, separarlos visualmente para que se puedan apreciar sus peculiaridades y unirlos funcionalmente para que sean accesible al unísono.

Con la sustitución del volumen de encuentro trapezoidal entre las edificaciones conseguiremos:

  • Accesibilidad habilitada a todas las dependencias del conjunto
  • Facilitar los accesos con escaleras rectas y un ascensor de diversas paradas
  • Capacidad real para la evacuación del conjunto y especialmente de la sala
  • Rematar funcionalmente y solventar las goteras en la medianera

Y otras dos cuestiones no menos importantes:

  • Rematar adecuadamente la fachada a la calle Moreres que hoy presenta un quiebro inadecuado en la entrega, liberando el capitel y la basa esquineros del edificio histórico.
  • Devolver la geometría original a las dos edificaciones, posibilitando su vista.

De esta manera observaremos las tres fachadas del palacio, que reconstruirá la tercera en sus huecos y exportará al conjunto del edificio su pretérito almohadillado. Así cambiará su aspecto exterior devolviéndole autenticidad. Y también veremos la edificación moderna como un gran cubo que contiene la sala y gira hacia dentro en la antigua alineación de la calle que nunca debió desaparecer y que ahora pretendemos recuperar visualmente con la construcción de este prisma trapezoidal de cristal, lo más transparente que podamos y que contenga las escaleras más ligeras posible en una arquitectura que me atrevería a calificar de mínima. Por lo menos, menos no se me ocurre construir.